
En las casi tres semanas que llevo disfrutando de mis vacaciones he tenido la oportunidad de leer cuatro libros, cosa que, con dos hijos pequeños, es complicado a no ser que te levantes de la cama a las ocho de la mañana como tarde. Pero merece la pena el madrugón vacacional.
Si bien considero a José Antonio Marina un precursor de la investigación hacia nuevos modelos de educación, sus libros son, en líneas generales, difíciles de comprender a la primera. sin embargo este que comento goza, para mi gusto, de una claridad meridiana. En este libro, un lema ("Enseñar lengua es enseñar a utilizar la lengua") fluye en cada página de forma machacante.
Tras su lectura te das cuenta de que puedes ser capaz de escribir algo que resulte interesante a otros, al tiempo qu descubres que no es un camino de rosas el escribir un libro, sea del género que sea, sobre todo teniendo en cuenta que el 75% del acabado se sustenta en la autoevaluación y la tediosa corrección.
Nos deja, en definitiva, una absoluta convicción de lo importante que es saber utilizar bien el lenguaje para una cantidad innumerable de situaciones entre las que se encuentra, cómo no, escribir. Pero escribir como es debido.
Y te dices a ti mismo ¿Quién supiera escribir?. Y te quedas ahí. Y al cabo, con cara de tonto y atónito descubres cómo hubo quien, hace bastante tiempo, explicó esa sensación de forma magistral en unos pocos versos, como lo hizo
Ramón de Campoamor:
" - Escribidme una carta, señor cura.
- Ya sé para quien es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos?- pues...
- Perdonad; mas... - No extraño ese tropiezo.
La noche... la ocasión...
Dadme pluma Y papel. Gracias. Empiezo:
Mi querido Ramón:
-¿Querido...? Pero, en fin, ya lo habéis puesto.
- Si no queréis... -¡Sí, sí!
- ¡Qué triste estoy! ¿No es eso?- Por supuesto. -
¡Qué triste estoy sin ti!
- Una congoja al empezar me viene...
-¿Cómo sabéis mi mal?
- Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.
-¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? Un edén-
- Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.
- El beso aquel que de marchar al punto
te di... - ¿Cómo sabéis...?
- Cuando se va y se viene y se está junto
siempre... no os afrentéis.
-Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...
-¿Sufrir y nada más? No, señor cura.
¡Que me voy a morir!
-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...?
- Pues sí, señor, ¡morir!
Yo no pongo morir. - ¡Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!"